El Discernimiento

Mis queridos lectores. Les quiero compartir éste vídeo de Rafael Arango con el tema del discernimiento. Muy interesante, muy importante.

Bendiciones,

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Celebramos nuestro 4to aniversario

Caminando con Jesús de la mano, llega a su 4to año de vida.

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El tiempo pasa como si nada y nunca me imagine hacer este bello trabajo de evangelizar por medio de las redes sociales. Quienes ya conocen y siguen el blog, sabrán que es un trabajo de amor y ofrecimiento al Señor por todas su bendiciones derramadas en mi vida. Vivir las aflicciones que viví por años sin conocerlo a Él, hoy las puedo vivir con paz y gozo porque si tengo a Dios en mi vida ¿Quién contra mi?.

El poder compartir otros testimonios con ustedes también es una bendición y ver que ustedes se animan a compartir los suyos es invaluable. De eso se trata, todos crecemos en FE al conocer otros testimonios de vida.

Mi compromiso este año es orar por las necesidades de ustedes, trataré de dar más de mi en mi oración (mi Señor Jesús sabe lo que conlleva este compromiso).

Se que no es fácil contar nuestros problemas, pero lo bonito de este medio es que no necesitamos vernos las caras para sentir la empatía por apoyarnos unos a otros. A veces yo no tengo las respuestas que necesitan pero alguien más se las puede dar al leer sus necesidades.

No siempre puedo contestar a tiempo, pero si leo sus mensajes y desde ese instante los pongo en oración.

Hoy les quiero pedir que si pueden orar un Padre Nuestro y un Ave María por mi, se los agradeceré mucho porque estos últimos meses no he podido dedicarle más tiempo al blog y eso es que el enemigo busca, que yo no llegue a los demás. Gracias de ante mano por el apoyo.

Les recuerdo que también está Caminando con Jesús de la Mano  en Twitter, Instagram, Facebook (fanpage), Pinterest y Google +

Pueden escribirme directo si prefieren a jesusdelamano11@gmail.com

Gracias a mi Señor Jesús, Mamita María y al Espíritu Santo por todos ustedes.

Bendiciones,

Blancaita

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Cristo y la moda

Con nuestro vestuario honremos a Dios

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Quiero compartir esto con ustedes pues es triste ver como hoy la gente ya ni respeta la misa al punto de ir vestidos como que van a la playa.

Si te invitan a una boda ¿Cómo te arreglas?

Si te invitarán a tener una audiencia con el Papa o la Reina de Inglaterra, ¿Cómo te vistieras?

Si vas a encontrarte con Jesús Sacramentado ¿Cómo crees que debes de ir vestido?

Si, entiendo que los tiempos son distintos, modas van y vienen, pero no se trata de eso. Se trata del respeto al Ser más Supremo y que se merece todo el honor y honra. No es que vayamos de vestido de fiesta y el hombre de traje, pero en nuestro diario vivir si mostrar un recato y cuidado para ESE momento.

Hay personas que van en shorts y sandalias; camisetas rotas, jeans (pantalones de mezclilla) apretados, ya ni se diga strapless, blusas de tirantes, etc..

Por eso cuando vi esto dije es un tema que debemos de meditar.

“Quienquiera que mire a una mujer codiciándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón”. Dijo Cristo (San Mateo 5,28). Esta afirmación de nuestro Salvador nos debe hacer reflexionar sobre el peligro de las modas.

Cristo nos advierte que hay miradas malas. No sólo por las malas acciones pecan los hombres, sino también por los ojos y sus pensamientos. Esa es la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo. De ahí que Él también se preocupa de nuestro modo de vestir y que no es indiferente a las modas.

La mujer que se viste de una manera elegante pero cubriendo su cuerpo, honra a Dios y da testimonio de vivir según las normas de la moral católica y de ser hija de María. Al contrario la mujer (y también el varón) que se viste indecentemente, es escandalosa. Y de ella dijo Cristo: “Quién escandalice a uno solo de estos pequeños que cree en Mí, más le valdría que se le suspendiese al cuello una piedra de molino y que fuese sumergido en el abismo del mar…¡Hay del hombre por quien el escandalo viene!” (San Mateo 18,6-7)

Escandalizar significa hacer tropezar; ser causa de que otros pequen. Y hay mujeres que por su modo de vestir indecente y provocativo, hacen pecar a otros y los ponen en peligro de ir al infierno eterno. DIOS pedirá cuenta a estas mujeres y también a sus padres, esposos y sacerdotes si no las corrigen. La mujer que pretende conocer a Dios y amarlo, evita todo lo que la atente contra la pureza: las prendas apretadas y transparentes, las faldas cortas y abiertas, los escotes exagerados, los shorts, tops y tantas otras modas que no sean cristianas. Por moda inmoral entendemos especialmente aquella que tiende a despertar las bajas pasiones de los espectadores. Las mujeres realmente católicas deben ser hijas de María Purísima e imitar a su Madre del cielo.

¿Cómo vamos a imitar nosotros la pureza de la Virgen María? No podemos hacerlo sin practicar la modestia. ¿Por qué? La modestia es la protección natural de la santa pureza y una indicación de su presencia. Sí, la pureza es una virtud tan delicada, que si la modestia no la guarda y la protege (como un muro defensor) pude fácilmente mancharse y ser notada por otros que nos miran.

Las dos reglas básicas de la modestia en el vestir son: debe cubrir lo suficiente y tener las medidas adecuadas.

MODESTIA Y MODA

Debemos vestir modestamente, pero al mismo tiempo ser normales. Esto quiere decir que no vayamos a los extremos. El Papa Pío XII habló acerca de esto a un grupo de jovencitos en 1941: “Dios no nos pide que vivamos fuera de nuestros tiempos, sin consideración a las formas en el vestir, vistiéndose de una manera totalmente opuesta al gusto y uso de nuestros contemporáneos, sin preocuparse de lo que ellos gustan usar. Esto podría ser ridículo… (pero) Dios nos recuerda lo siguiente: La moda no es y no puede ser la regla suprema de nuestra conducta; por encima de la moda y sus demandas, reinan leyes supremas, superiores e incambiables principios…”. De este modo la regla es: si la moda actual es inmodesta, no debe ser seguida.

Nuestra Señora de Fátima en 1917 dijo: “Los pecados que llevan más almas al infierno son los pecados de la carne. Ciertas modas serán introducidas que van a ofender mucho a Nuestro Señor. Los que sirven a Nuestro Señor no deben de seguir estas modas. La Iglesia no tiene modas; Nuestro Señor es siempre el mismo.”

 Fuente: Folleto Católico No4

Santa-Misa 

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Miércoles de ceniza, 18 de ferbero 2015

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¿Qué es la Cuaresma?

La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia

Cuaresma

El tiempo de la Cuaresma rememora los cuarenta años que el pueblo de Israel pasó en el desierto mientras se encaminaba hacia la tierra prometida, con todo lo que implicó de fatiga, lucha, hambre, sed y cansancio…pero al fin el pueblo elegido gozó de esa tierra maravillosa, que destilaba miel y frutos suculentos (Éxodo 16 y siguientes).

También para nosotros, como fue para los israelitas aquella travesía por el desierto, la Cuaresma es el tiempo fuerte del año que nos prepara para la Pascua o Domingo de Resurrección del Señor, cima del año litúrgico, donde celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado, la muerte y el mal, y por lo mismo, la Pascua es la fiesta de alegría porque Dios nos hizo pasar de las tinieblas a la luz, del ayuno a la comida, de la tristeza al gozo profundo, de la muerte a la vida.

La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia, si es que nos hubiéramos alejado de Él, como aquel hijo pródigo (Lucas 15, 11-32) que se fue de la casa del padre y le ofendió con una vida indigna y desenfrenada. Esta conversión se logra mediante una buena confesión de nuestros pecados. Dios siempre tiene las puertas de casa abiertas de par en par, y su corazón se le rompe en pedazos mientras no comparta con nosotros su amor hecho perdón generoso. ¡Ojalá fueran muchos los pecadores que valientemente volvieran a Dios en esta Cuaresma para que una vez más experimentaran el calor y el cariño de su Padre Dios!

Si tenemos la gracia de seguir felices en la casa paterna como hijos y amigos de Dios, la Cuaresma será entonces un tiempo apropiado para purificarnos de nuestras faltas y pecados pasados y presentes que han herido el amor de ese Dios Padre; esta purificación la lograremos mediante unas prácticas recomendadas por nuestra madre Iglesia; así llegaremos preparados y limpios interiormente para vivir espiritualmente la Semana Santa, con todo la profundidad, veneración y respeto que merece. Estas prácticas son el ayuno, la oración y la limosna.

Ayuno no sólo de comida y bebida, que también será agradable a Dios, pues nos servirá para templar nuestro cuerpo, a veces tan caprichoso y tan regalado, y hacerlo fuerte y pueda así acompañar al alma en la lucha contra los enemigos de siempre: el mundo, el demonio y nuestras propias pasiones desordenadas. Ayuno y abstinencia, sobre todo, de nuestros egoísmos, vanidades, orgullos, odios, perezas, murmuraciones, deseos malos, venganzas, impurezas, iras, envidias, rencores, injusticias, insensibilidad ante las miserias del prójimo. Ayuno y abstinencia, incluso, de cosas buenas y legítimas para reparar nuestros pecados y ofrecerle a Dios un pequeño sacrificio y un acto de amor; por ejemplo, ayuno de televisión, de diversiones, de cine, de bailes durante este tiempo de cuaresma. Ayuno y abstinencia, también, de muchos medios de consumo, de estímulos, de satisfacción de los sentidos; ayuno aquí significará renunciar a todo lo que alimenta nuestra tendencia a la curiosidad, a la sensualidad, a la disipación de los sentidos, a la superficialidad de vida. Este tipo de ayuno es más meritorio a los ojos de Dios y nos requerirá mucho más esfuerzo, más dominio de nosotros mismos, más amor y voluntad de nuestra parte.

Limosna, dijimos. No sólo la limosna material, pecuniaria: unas cuantas monedas que damos a un pobre mendigo en la esquina. La limosna tiene que ir más allá: prestar ayuda a quien necesita, enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que nos lo pide, compartir alegrías, repartir sonrisa, ofrecer nuestro perdón a quien nos ha ofendido. La limosna es esa disponibilidad a compartir todo, la prontitud a darse a sí mismos. Significa la actitud de apertura y la caridad hacia el otro. Recordemos aquí a san Pablo: “Si repartiese toda mi hacienda…no teniendo caridad, nada me aprovecha” (1 Corintios 13, 3). También san Agustín es muy elocuente cuando escribe: “Si extiendes la mano para dar, pero no tienes misericordia en el corazón, no has hecho nada; en cambio, si tienes misericordia en el corazón, aún cuando no tuvieses nada que dar con tu mano, Dios acepta tu limosna”.

Y, finalmente, oración. Si la limosna era apertura al otro, la oración es apertura a Dios. Sin oración, tanto el ayuno como la limosna no se sostendrían; caerían por su propio peso. En la oración, Dios va cambiando nuestro corazón, lo hace más limpio, más comprensivo, más generoso…en una palabra, va transformando nuestras actitudes negativas y creando en nosotros un corazón nuevo y lleno de caridad. La oración es generadora de amor. La oración me induce a conversión interior. La oración es vigorosa promotora de la acción, es decir, me lleva a hacer obras buenas por Dios y por el prójimo. En la oración recobramos la fuerza para salir victoriosos de las asechanzas y tentaciones del mundo y del demonio. Cuaresma, pues, tiempo fuerte de oración.

Miremos mucho a Cristo en esta Cuaresma. Antes de comenzar su misión salvadora se retira al desierto cuarenta días y cuarenta noches. Allí vivió su propia Cuaresma, orando a su Padre, ayunando…y después, salió por nuestro mundo repartiendo su amor, su compasión, su ternura, su perdón. Que Su ejemplo nos estimule y nos lleve a imitarle en esta cuaresma. Consigna: oración, ayuno y limosna.

Por: P. Antonio Rivero, L.C. | Fuente: Catholic.net

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¿Cuando Dios no hace lo que le pedimos, dejamos de creer en Él?

Me gusto ésta frase que dijo el padre en misa el domingo pasado, encierra mucho el estilo de vida del católico, especialmente del laico. No lo dijo como pregunta, lo dijo como afirmación, pero yo, pregunto.

¿Nos sentimos con el derecho de “exigir” como un niño pequeño?. ¿Sentimos que debemos de pedir con autoridad de ser complacidos?.

Pues el evangelio del domingo pasado, nos dice:

Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,40-45):

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, TO06DBpuedes limpiarme.»
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.»
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.»
Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor

 

“Si quieres, puedes limpiarme”

Grande la solicitud del leproso. “Si Quieres”, pregunto, y no le dijo: “cúrame”, “sáname”, “límpiame”.

Ahora pensemos si es de esa manera como le hablamos a Jesús. Analicemos solo esa frase. “Si quieres”.

¿Qué pasa cuando pedimos, de la manera en como pedimos las cosas?,¿A caso Jesús nos escucha?, ¿Nos ignora?, ¿No nos entiende?, ¿Por qué se tarda tanto?. Nos frustramos.

Comenzamos a dudar del “poder de Dios”, nos preguntamos si en verdad existe, si es MI DIOS, y no se que otras cosas puedan pasar por nuestra mente.

Es el momento de debilidad donde comenzamos a dudar y cuestionar ¿Por qué seguimos el mismo camino, si es tan difícil?.

Nuestra fe (si es que había algo de ella en nuestras vidas) se va debilitando al punto en dejar de creer en Él y en dejar de seguirlo o buscarlo, cualquiera que sea el caso. Somos demasiado obstinados y orgullosos como para seguir “sufriendo” si Dios no nos consiente o no nos contempla.

He allí el éxodo de tanto católico y a dejar de creer del todo. Pues creen que las respuestas de parte de Dios deben de ser inmediatas, fáciles, rápidas y sin complicaciones.

Dios es un Dios de misericordia, entonces ¿Por qué no responde cuando se lo pedimos?. ¿Será que nos comportamos como esos niños que mencioné al principio del post?.

¿Cómo nos atrevemos a exigir, si ni siquiera damos NADA o muy poco a cambio?

¿Quién es Dios?, ¿Él o Yo?. ¿Por qué me creo superior entonces si se que yo no soy nadie a los pies de Jesús? “Si quieres, puedes curarme” así es como debemos de pedir…y veremos la Gloria del Señor. Aprendamos a ser amables, educados, constantes y buenos hijos para merecer todo eso que queremos pedir.

Respetemos y sigamos las leyes de la Iglesia, del Papa, de nuestros Sacerdotes. Con discernimiento de que lo que se defiende es la Palabra de Dios como está en la Biblia. No a conveniencia del humano del siglo XXI que todo es relatividad.

No nos alejemos de Dios porque no nos resolvió como queríamos. Al contrario, perseveremos en la humildad, en oración y veremos ese cambio en nuestras vidas. Veremos esas respuestas del Señor como siempre hemos querido. Pero dejemos de berrinchar, exigir y gritar como que nos merecemos el mundo si no damos un paso por ser mejores personas. Tratemos ahora que estamos entrando en cuaresma y enmendemos nuestra vida pasada. Sigamos creyendo en Dios, porque es maravilloso, Él extiende la mano al que pide con amor, no le niega nada a nadie si es merecedor y dará frutos de su solicitud.

Dios es compasivo y paciente, siempre nos apoya, no nos demos por vencidos, pero seamos correctos para merecer la Gloria. El Espíritu Santo es nuestro guía, solo déjate llevar y escucha su mensaje; todo tiene su tiempo y todo tiene su lugar.

¿Estás dispuesto a cambiar?, ¿Seguirás a Dios aunque no recibas respuesta cuando tu la esperas?

Cuaresma: tiempo litúrgico de conversión, cuarenta días antes de la Pascua. En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.

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Testimonio de Patrick y Nancy, del ateísmo a la fe

Patrick y Nancy Latta, un matrimonio canadiense que visita El Salvador, vienen de la mano de la Santísima Virgen desde Bosnia Herzegovina del pueblo bendecido por Dios, Medjugorje, para compartir su testimonio de conversión con el pueblo salvadoreño. Y tuve … Sigue leyendo

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María Madre de Dios

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La Iglesia Católica quiere comenzar el año pidiendo la protección de la Santísima Virgen María. La fiesta mariana más antigua que se conoce en Occidente es la de “María Madre de Dios”. Ya en las Catacumbas o antiquísimos subterráneos que están cavados debajo de la ciudad de Roma y donde se reunían los primeros cristianos para celebrar la Misa, en tiempos de las persecuciones, hay pinturas con este nombre: “María, Madre de Dios”.
Si nosotros hubiéramos podido formar a nuestra madre, ¿qué cualidades no le habríamos dado? Pues Cristo, que es Dios, sí formó a su propia madre. Y ya podemos imaginar que la dotó de las mejores cualidades que una criatura humana puede tener.
Pero, ¿es que Dios ha tenido principio? No. Dios nunca tuvo principio, y la Virgen no formó a Dios. Pero Ella es Madre de uno que es Dios, y por eso es Madre de Dios.
Y qué hermoso repetir lo que decía San Estanislao: “La Madre de Dios es también madre mía”. Quien nos dio a su Madre santísima como madre nuestra, en la cruz al decir al discípulo que nos representaba a nosotros: “He ahí a tu madre”, ¿será capaz de negarnos algún favor si se lo pedimos en nombre de la Madre Santísima?
Al saber que nuestra Madre Celestial es también Madre de Dios, sentimos brotar en nuestro corazón una gran confianza hacia Ella.
Cuando en el año 431 el hereje Nestorio se atrevió a decir que María no era Madre de Dios, se reunieron los 200 obispos del mundo en Éfeso (la ciudad donde la Santísima Virgen pasó sus últimos años) e iluminados por el Espíritu Santo declararon: “La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios”. Y acompañados por todo el gentío de la ciudad que los rodeaba portando antorchas encendidas, hicieron una gran procesión cantando: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.
El título “Madre de Dios” es el principal y el más importante de la Virgen María, y de él dependen todos los demás títulos y cualidades y privilegios que Ella tiene.
Los santos muy antiguos dicen que en Oriente y Occidente, el nombre más generalizado con el que los cristianos llamaban a la Virgen era el de “María, Madre de Dios”. – Benedicto XVI, 2008
“El título de Madre de Dios, tan profundamente vinculado a las festividades navideñas, es, por consiguiente, el apelativo fundamental con que la comunidad de los creyentes honra, podríamos decir, desde siempre a la Virgen santísima. Expresa muy bien la misión de María en la historia de la salvación. Todos los demás títulos atribuidos a la Virgen se fundamentan en su vocación de Madre del Redentor, la criatura humana elegida por Dios para realizar el plan de la salvación, centrado en el gran misterio de la encarnación del Verbo divino.
Y todos sabemos que estos privilegios no fueron concedidos a María para alejarla de nosotros, sino, al contrario, para que estuviera más cerca. En efecto, al estar totalmente con Dios, esta Mujer se encuentra muy cerca de nosotros y nos ayuda como madre y como hermana. También el puesto único e irrepetible que María ocupa en la comunidad de los creyentes deriva de esta vocación suya fundamental a ser la Madre del Redentor. Precisamente en cuanto tal, María es también la Madre del Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia. Así pues, justamente, durante el concilio Vaticano II, el 21 de noviembre de 1964, Pablo VI atribuyó solemnemente a María el título de “Madre de la Iglesia”.
Precisamente por ser Madre de la Iglesia, la Virgen es también Madre de cada uno de nosotros, que somos miembros del Cuerpo místico de Cristo. Desde la cruz Jesús encomendó a su Madre a cada uno de sus discípulos y, al mismo tiempo, encomendó a cada uno de sus discípulos al amor de su Madre. El evangelista san Juan concluye el breve y sugestivo relato con las palabras: “Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa” (Jn 19, 27). Así es la traducción española del texto griego: εiς tά íδια; la acogió en su propia realidad, en su propio ser. Así forma parte de su vida y las dos vidas se compenetran. Este aceptarla en la propia vida (εiς tά íδια) es el testamento del Señor. Por tanto, en el momento supremo del cumplimiento de la misión mesiánica, Jesús deja a cada uno de sus discípulos, como herencia preciosa, a su misma Madre, la Virgen María. – Benedicto XVI, 2008
Fuente: Blog – María Madre Celestial
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¿Qué es la Navidad?

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La Iglesia en su misión de ir por el mundo llevando la Buena Nueva ha querido dedicar un tiempo a profundizar, contemplar y asimilar el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios; a este tiempo lo conocemos como Navidad. … Sigue leyendo

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