Testimonio de Boda

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Quiero compartir este testimonio de vida, ya que estamos en una constante guerra entre el maligno y los matrimonios, siendo el Sacramento que nos guía a la familia, base de la sociedad y bendita por nuestro Señor Jesucristo.

El fin de semana pasado fui testigo de una de las mejores, si no, la mejor boda a la que he asistido.

Le pedí permiso a la novia contar su testimonio porque hay demasiado ataque al matrimonio y es importante que cuando uno camina con Jesucristo de la mano y no te sueltas, ves como Él va dirigiendo y ordenando tú vida.

La historia comienza, 21 años atrás y la haré breve porque no se trata de donde comenzó, si no del trayecto de ellos como matrimonio.

El novio (así me referiré a ellos para no abusar de su privacidad) estudió medicina en otro país, se convirtió en papá a los 18 años de edad, con una mujer varios años mayor que él. Siendo criado dentro de la fe católica y siendo muy joven, sus padres decidieron que debía cumplir con su responsabilidad y casarse obviamente por la Iglesia con quién era la madre de su hijo y luego de éste matrimonio nacieron dos hijas más.

Con el tiempo, la esposa abandona al novio con sus tres hijos y se marcha a otro país donde hace otro hogar. El novio se queda solo con tres hijos y al terminar su carrera, se regresa a El Salvador con sus tres pequeños.

Pasa un tiempo y conoce a la novia. La novia es soltera, criada dentro de la fe católica. Ellos se enamoran y se casan por lo civil, haciendo a la novia automáticamente “madre” de tres niños. Ella tuvo su propio hijo varón, haciendo un total de cuatro hijos en el hogar.

Ninguno de los dos era un católico practicante como se debe, más que ir a misa los domingos.

Con el pasar de los años, la novia se fue a un retiro espiritual y desde entonces (hace unos 12 años) es servidora dentro de una comunidad católica.

Es aquí donde ella se da cuenta de lo que ha perdido: La Santa Eucaristía.

Claro que sabía que no podía comulgar desde que se casó, pero cuando uno va creciendo espiritualmente se da cuenta de el valor “invaluable” de no poder recibir a Jesús en la Santa Eucaristía.

Fue un matrimonio con muchos altos y bajos. El reto del novio: ir creciendo profesionalmente en su país para poder mantener económicamente su hogar. El reto de la novia: dejar de trabajar para cuidar de ese nuevo hogar y criar cuatro hijos (para ella son cuatro sus hijos).

El reto como pareja: ser marido y mujer a pesar de que todo estaba en su contra.

No quiero entrar en más detalle sobre ésta relación, pero lo que se veía a larga distancia era “FRACASO”.

Pasan los años y vemos a una joven, que se convierte en una mujer de oración, de mucha oración y ora mucho por su esposo; por sus hijos y por su hogar. Hablo de años de oración.

Vemos el primer fruto de su constancia y es el cambio del novio, él comienza a visitar al Santísimo y estas visitas se convierten en algo constante, diario y de devoción. El novio de aquí busca la anulación católica de su primer matrimonio.

Según nos explicó el novio en una ocasión, la anulación de la Iglesia no es por los motivos que la pareja se está divorciando, si no por los motivos en las cuales fue realizado el matrimonio. Cuando él comenzó llevar el control de este proceso en nuestro país no es fácil, por lo cual en muchas ocasiones quedaba olvidado.

Quienes conocemos a la novia empezamos a ver el cambio de ella cada vez que la veías en misa. Reflejaba tan bien el dolor de su alma cuando todos los que podemos comulgar nos levantamos a comulgar y ella no podía hacerlo. Al punto que una vez mi hijo me pregunto que le pasaba a ella y le conté la situación. Si no me equivoco eso habrá sido tal vez hace unos cinco años, mi hijo tenía sólo 9 años y lo único que me contestó fue: “Mami, yo voy a ofrecer mi comunión por ellos”. No se, por cuanto tiempo lo hizo él, pero yo quise seguir su ejemplo y también ofrecía mi comunión por ellos y por todas las personas que quieren comulgar y no pueden. Sinceramente no se me ocurría pedir: “Déjalos que te reciban nuevamente”. Es como mucho pedir o pedir un milagro ya que por ser divorciado el novio no veía yo que algún día pudieran comulgar.

Ahora les comparto lo que presencie el sábado pasado:

Después de tantos años, el novio obtuvo la anulación de su matrimonio el agosto pasado.

Entonces 21 años después uno como ser humano esperaba ver una boda en una Iglesia con un lleno de unas 300 personas o más, donde hubiera una gran banda, relleno de flores con velas y una fiesta donde se lucieran hasta fuegos artificiales, pero no fue así.

Siendo ellos unos hijos de Dios que han caminado en piedra, cuesta arriba y han doblado rodillas para volverse humildes, la boda fue sencilla y solo con quienes se les quiere. No había pompa, pero esa Iglesia, rebalsaba de AMOR. Se sentía el amor, de los invitados a los novios, de los sacerdotes a los novios, ya que El Sacramento lo concelebraron tres sacerdotes y se sentía el amor entre ellos dos, del uno hacía el otro.

Yo supe lo que ella sufría al no poder comulgar, lo supe por años, vivía su dolor y lo entendía porque siento que perder la oportunidad de comulgar es lo peor que le puede pasar a uno en vida.

Ver cuando los casan y reciben la comunión…¡No hay palabras!

Esa Iglesia completa lloraba y yo lloré con tanta emoción que entendí el regalo que les daba Dios.

Mi reflexión es, que Dios, premia en grande a quién pone a su hijo Jesús en el centro de su corazón, como lo dice el primer mandamiento.

Ellos fueron: OBEDIENTES a la Iglesia; PERSEVERANTES en la oración, en el servicio con los demás y FIELES a la palabra del Señor. Devotos a la Santísima Trinidad y a la Virgen María, llevando el evangelio donde van.

Una vez le dije a la novia: “Ustedes han vencido todos los pronósticos, nadie creyó en su matrimonio (yo fui una de ellas), todo estaba en contra y ahora he aquí, siguen adelante y más fuertes que nunca”.

Y eso solo se puede cuando hay ESPERANZA, la Gracia de Dios permanece. Ella por ser mujer, mas que nadie, se tapo los oídos del mundo y siguió adelante. Lo que sembró, lo cosecho con PACIENCIA y dio buenos frutos: hijos agradecidos, grandes seres humanos y bendecidos.

Dejó por un lado su felicidad, renunciando al trabajo para criar (independencia económica/aporte al hogar), renunció al vestido blanco con velo, caminando al altar con su padre como toda joven sueña, por eso y más, ahora Dios le regalo un esposo como ella lo soñó.

Mi intención de compartir este testimonio de vida es para todos los matrimonios en peligro. Nadie se salva de la tentación de buscar la separación matrimonial, es lo más fácil de hacer; pero yo creo que cuando todavía hay AMOR, todo es posible.

Recordar porque se casaron y como se sentían ese día. Se debe comenzar buscando allí lo que los motivó a esa unión. Excusas hay muchas para salir, decisiones son pocas para quedarse.

Sanar un matrimonio herido solo se puede con una ORACIÓN CONSTANTE y dejen que la SAGRADA FAMILIA SEA SU GUÍA. He aquí un gran testimonio de vida en matrimonio.

Esposa ora por tu esposo. Esposo, ora por tu esposa.

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